En el año 2016 el desquiciado presidente estadounidense Trump declaró que podría salir y disparar a la gente en la más famosa avenida de Nueva York y no perdería ni un voto, confirmando esta frase fue elegido democráticamente por casi 63 millones de personas, y en 2024 obtuvo 74 millones de votos. La admiración es un sentimiento pero al tiempo un tipo de posesión, que convierte al objeto o la persona deseada en fetiche irracional, sin más valor que el de ser codiciada y obedecer a las expectativas superlativas depositadas sobre ella. La gente famosa, por ejemplo, más que poseedoras de talentos o carisma, son antetodo esclavas de la mirada de quien las admira, y estas adoradoras son asimismo esclavas de su propia ilusión. Por otro lado, la imperiosa necesidad de referentes humanas fuertes, entusiastas, agresivas incluso, nos trajo el III Reich, así como una larga lista de políticas suicidas rozando o directamente cayendo en la megalomanía, más allá de las ideas y antes de ellas, nos hallamos con personas dañinas en su propia ansia de poder, fama, adicción a la atención que atraen de otras personas igualmente deficitarias de afecto, con traumas interiores, débiles e incapaces de bregar con sus propias vidas, las cuales encuentran en una ideología, una lucha, un producto artístico o una fama absolutamente inmerecida, el refugio donde ser ejemplos o ser seguidoras. Hay mucha literatura científica psicológica al respecto.
Una imbécil es aquella persona cuya opinión emana de sus referentes e ídolas, carece de ideas propias. Copia conductas, las pega a su imaginario y se mantiene imbécil y segura siendo fiel a su referente. En diciembre de 2025 falleció Brigitte Bardot, conocida básicamente por ser pésima actriz pero muy bella; prueba de ello es que apenas nadie recuerda o habla de sus películas ni de una sóla buena actuación, pero sí se recuerda su belleza física. En el mundo animalista hubo un duelo exagerado debido a su labor ¨incansable por los animales¨, consistente básicamente en hacerse fotos con animales bonitos y crear una fundación donde mucha gente de su entorno elitista probablemente lavaba dinero negro, otra gente más bien intencionada donaba y se hacía con ello marketing, tratando a los animales como mercancía a vender, mientras un ejército de abogadas pagado por la gente donante interponía querellas. Entre sus ¨éxitos¨ por los animales se cuenta el haber comprado 500 pistolas de aturdimiento para que en muchos mataderos franceses se pudiera ejecutar ¨bien¨ a los animales, entendiendo por ¨bien¨ pretender que un menor sufrimiento en los últimos segundos de su vida era ¨bueno¨ para ellos… aunque en realidad sólo aletarga la conciencia de quienes los comen, pues albergan menos escrúpulos si se les ha facilitado en su fantasía una muerte rápida a esos animales, la cual pr cierto no se cumple en la mayoría de los casos. El bienestarismo sólo aumenta la cifra de cría y explotación animal. La actriz, además de ser un referente animalista comiendo peces (...), fue condenada varias veces por racismo y xenofobia, manteniendo una postura fascista hasta el final de su vida, y estando casada con el filonazi Le Pen. Sus opiniones profundamente discriminatorias contra el colectivo LBGT+ o contra el feminismo armonizaban con su amistad profunda con Alain Delon, de quien decía ser su hermana. El actor era tristemente conocido como misógino violento, homófobo y racista.
Otro caso del cual podríamos hablar es el comandante francés Jean Jacques Cousteau, divulgador de naturaleza, cuya fama estaba a la altura de su narcisismo. Sus magníficas escenas de los océanos eran enturbiadas por el hecho de que mantuvo dos familias con mujeres diferentes con las cuales llevaba vidas paralelas, pero lo peor fue su modo de entender la naturaleza. Realizó destrozos medioambientales y maltrato animal para sus filmaciones, secuestrando leones marinos para filmarlos en otro lugar más conveniente, lanzando bombas al mar para pescar y masacrando tiburones con objeto de filmarlos excitados por la sangre, además de otras prácticas que si bien no son extrañas para una persona anónima, sí lo eran cuando pretendían hacerse una fama en nombre de la conservación de la vida natural. La naturaleza para Cousteau era simplemente su escenario, un fondo para realzarle a él, a su guión, a su modo de brillar. Era ególatra y egoista y sólo al final de su vida fue ecologista, durante toda su carrera se alió con ecocidas compañías petroleras para financiar sus viajes, y vivía endeudado.
En España tuvimos otro referente animalista y conservacionista, Félix Rodriguez de la Fuente. Recordamos sus espléndidas grabaciones de fauna salvaje, a la cual alababa sin cesar y con gran pasión -con esa seguridad que da el mainsplainning masculino, tan por él practicado-, para contrastar sin embargo con el hecho de que fuera un apasionado de la cetrería, forzando en sus filmaciones situaciones antinaturales que pretendían ser reales, falseando escenas y comportamientos, alterando la percepción de los sucesos para dar SU feroz versión darwinista, maltratando animales para filmarlos a su gusto, usando cebos atados o muertos. Secuestraba cachorros de lobos a los que acostubraba a la presencia humana para fingir escenas imposibles o acompañando a los cazadores en sus batidas. Los animales que más le apasionaban eran los depredadores. Animaba a la gente de su equipo a comer carne, despreciaba el veganismo y sin embargo es recordado todavía incluso en ambientes animalistas, como alguien de quien aprender etología y conservación, para un ecologismo poco crítico con sus referentes.
Tampoco quiero olvidar a nuestra Simona Kossak, el ejemplo más brillante de conservacionismo en Polonia, la cual aunque no cazaba, mandó matar a un corzo que molestaba durante una observación científica, y erró -aunque obligada por su trabajo- en la cifra de herbívoros que los cazadores podían matar en el Parque de Bialowieza, demasiado alta. Debido a ello provocó un descenso de la población de linces que hasta hoy día no ha podido recuperarse. También consideraba antinatural el vegetarianismo.
Los ejemplos en todo el mundo de ecologistas ecocidas y animalistas especistas son innúmeros, pero la gente continúa defendiendo a capa y espada, como si fueran ellas mismas las criticadas, como si se tratara de una afrenta personal, y he tenido varias discusiones con esas personas a este respecto; olvidando flagrante y conscientemente el daño que hace alabar a los seres humanos en lugar de centrarse en los beneficiarios de su labor.
Porque no me importa Lorenz, a quien leí con 17 años, es que amo los gansos y las grajillas que estudió, porque no me importa Goodall, es que amo a los chimpancés. Y la cantidad de información, documentación y emociones recibida de ciertas personas que podría nombrar y no haré, es inmensa, pero debemos enamorarnos y referenciarnos en los actos, no en quién los lleva a cabo, del mismo modo que debemos ser muy críticas con todo un pueblo que elija a un representante político tirano, y no al dictador solamente. La mitomanía genera estadios de piramidalidad aumentativa, llevándonos a una representación corporal concreta como salvadora, recubierta de una aureola de verdad y compromiso, injusta en tanto el peso de la conservación de la naturaleza o el rescate de animales y el proselitismo lo llevan a cabo miles y miles de personas anónimas, que rescatan animales, organizan protestas, recaudan recursos o realizan acciones legales o ileales contra el sistema fascista de explotación animal y natural, Monetizar o capitalizar ese ingente e incómodo trabajo diario focalizándolo en una persona, o que esa misma persona acepte esa inmerecida fama, es tan narcisista como habitual. Deberíamos centrarnos en ¨a quién¨ se defiende, el objetivo real no puede ser solapado por la persona a la cual se la atribuyen los éxitos o la profundidad de los discursos. La gente, las siglas, las asociaciones… son secundarias, nada tiene nunca más valor que las víctimas
Los vikingos violaban a todas las mujeres, niñas, adultas y ancianas, las mataban de modos horribles, y a los hombres antes, esclavizaban a los niños y arrasaban con fuego cada casa de casa población donde invadían. Eran ladrones y asesinos, su economía se basaba en eso. No eran rubios y de ojos azules más que cualquier otra persona en Europa, no eran más altos que otros pueblos y no usaban cascos con cuernos, salvo en rituales ornamentales. Sin embargo la pasión por lo vikingo en series y entretenimiento de ficción forma parte del blanqueamiento del fascismo y la brutalidad que tanto ama Europa. Esa romantización de la violencia también se manifiesta en la ensalzada figura de Gengis Kahn, ocultando con esa grandeza sangrienta que este asesino y violador y sus descendientes son responsables de que el 8% de las habitantes de los territorios comprendidos en el antiguo imperio mongol posean los genes de esos violadores. Eran monstruos y la historia los trata como valientes.
Por muy estructural que sea una discriminación, por muy profunda que haya calado en el esqueleto social y educacional, siempre se toman decisiones individuales para mantenerla. Nada es automático nadie es inocente de dejarse llevar por la corriente o la inercia de las costumbres. Tomamos decisiones cada minuto, algunas son positivas, otras negativas y otras neutras, incluidas aquellas con las cuales nos autolesionamos, simplemente cuando explotamos animales o talamos árboles sin ninguna necesidad, decidimos hacer eso y sólo sentimos la impunidad debido a que todo el mundo lo hace. Pero citando a Agustín de Hipona ¨Lo correcto es correcto aunque nadie lo haga, lo incorrecto es incorrecto incluso si todos lo hacen¨.
A veces la mitomanía esconde un deseo oculto de sumisión con la alabanza como fetiche, pero también a su vez el deseo de ser alabadas. La autocomplacencia de ser referentes refuerza los tiempos de héroes baratos que corren. Si nuestro lamento ¨!Estamos destruyendo el planeta!¨ no va acompañado de un abandono radical de los caprichos y conductas de nuestras vidas que propícian esa degradación, entonces no estamos llorando, sino presumiendo de ello. Bastaría una sóla generación de gente consciente que disfrutara de la vida sin consumir ni esclavizar otras para que todo el sistema financiero y productivo global colapsara. Una persona que cuida representa la cultura de la cooperación y la empatía, una que no lo hace, la del egoísmo y el parasitismo.
El poder de poder comprar algo jamás podrá rebatir al poder de no querer hacerlo. Para cultivar 1 kilo de pistacho se necesitan 8 toneladas de agua y la IA global emitió en 2025 tantas emisiones de carbono como la ciudad de New York. El cambio no se debe a las acciones de Greta Thumberg ni a sus palabras, o a quién votemos sino a los actos cotidianos de miles de millones de personas. ESE es el poder del cambio. La búsqueda de la fama y la fortuna son la base de la estupidez humana. Si la gente no puede dejar de ser esclava de sus héroes -dado que somos una especie básicamente sierva-, entonces ser una persona pública no otorgaría una carta blanca para cualquier tipo de comportamiento nauseabundo. La popularidad no lleva implícita la fama, el dinero y la atención de los medios, sino el imperativo de ser un ejemplo ético, tan ejemplar como modelo de talento o carisma pretenda atesorar esa persona referente. Y la gente que admira debería ser crítica con las conductas de sus referencias, sin dejar pasar ni una, haciendo pagar un precio moral doble.
Cuando una persona famosa dona una cantidad millonaria de dinero en realidad dona muchisimo menos que la inmensa mayoría de gente anonima, proporcionalmente, cada ciudadana implicada en luchas de cualquier tipo sacrifica mucho más dinero, esfuerzo, energía, emoción y compromiso que una docena de magnates donando un dinero que básicamente sólo pretende desgravar en sus impuestos, mientras aceptan una inmerecida fama de personas ciertamente menoscabadas en su pensamiento crítico, por muy buenas intenciones que tengan haciéndolo. La ética avanza sólo gracias al respeto, la empatía o la bondad, por ellas millones de personas son burladas por otra mayoría, pero conforman un ejército armado de ternura que lleva mejorándonos siglo a siglo, milenio a milenio, y su nombre nunca está en los libros de historia ni en las nomenclturas de las avenidas. Es un ejército bueno, sin el alarde del uniforme, sin la infamia de las armas. Tratemos de pertenecer a él.

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