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sábado, 23 de diciembre de 2017

DEPENDE DE TÍ TAMBIÉN




“-¿Quiere usted bolsa?, -Sí por favor, tres”. Los pepinos chilenos que entran en ellas están envasados individualmente con una película transparente y brillante, así como las botellas de agua en que hasta la etiqueta es plástica. Los tomates africanos en bolsa ligera que se rompe tras un sólo uso, como las patatas chinas, las lonchas de queso separadas una a una por una lámina de plástico y empaquetadas en otro envase, la carne fileteada, los cartones de leche y vino, las cervezas en latas de aluminio, los panecillos... todo perfectamente separado por filas y filas de ubícuo plástico finísimo, de usar y tirar. La pesadilla de cualquier persona con una mínima conciencia ecologista. En fila índia, una tras otra, repartidas por cientos de miles de supermercados y tiendas del planeta, por cientos de millones. Nuestro “primer” mundo ostenta su podio en la falta de escrúpulos y el despilfarro. Ojalá fueramos tan rápido soltando privilegios como abrazándolos.

Cada año en el archipiélago de Las Galápagos, la isla La Española recoge para nidificar a la casi totalidad de la población mundial de albatros, 12.000 parejas, 24.000 personas. Tras meses en el aire, durmiendo y alimentándose, la hembra y el macho de esta especie sincronizan sus relojes biológicos para reencontrarse. La misma pareja monógama de por vida, vuelve a la cita puntualmente durante unas semanas, tras vivir separadas el resto del año. El amor los reclama a miles de kilómetros, para romper sus celibatos y su navegar aéreo, procrear y darle al mundo un sólo pollo. La vida tiene sus exigencias. Entonces, emocionadas como niñas, danzan una frente a la otra en la ceremonia del delirio, entrechocando sus picos dulcemente, mirándose desde y hasta el fondo de sus enormes ojos licuosos, gritando enfebrecidas de felicidad y alzándose y descendiendo en un baile hermoso. Es como un cortejo con alguien a quien no tienes que enamorar, sin la presión de la duda, sin el desprestigio de la incertidumbre, con la pura felicidad de encontrarse y estar.

Para producir un sólo kilo de carne es preciso el equivalente a una piscina de agua. La ciudad catalana de Barcelona presume oficialmente de reciclar el 50 % de sus residuos urbanos, aunque hablando con trabajadoras sabemos que apenas llega al 30 %, todo lo demás es combustible de cementeras, enterrado bajo tierra o enviado a diversos puntos geográficos del mundo para su desguace o para ser quemado al aire libre. No importa, incluso si todos los residuos domésticos generados por el ser humano se recuperaran al 100 % en todo el mundo, ello supondría la solución del problema en apenas un 5 % a escala global, debido a que es la industria y los empaquetados las responsables de la masiva tala de bosques para celulosa y la causante de que TODAS las aguas de TODOS los océanos y mares del mundo estén infestadas de micropartículas de plástico, de los millones de toneladas de él que el sistema consumista arroja a los vertederos del mundo. Las micro y macropartículas, accidentalmente, son parte de la dieta de muchas aves marinas, quelonios, peces, cetáceos, y otras familias que se alimentan parcialmente de ellas y les provocan afecciones digestivas letales.

Los albatros miden hasta tres metros de envergadura, son unas aves inmensas y viven 60 o 70 años, muy longevas para ser pájaros. Alzan el vuelo por primera vez tras la época de pollos, y apenas tocan el aire detienen su aleteo para dejar que el viento los sostenga, como semillas. Salen al mar sin experiencia ni educación al respecto, enseguida saben que es su verdadera casa y no vuelven hasta cinco años después al mismo lugar donde nacieron, con objeto de buscar pareja. Suspendidos en el aire como vapor o lluvia inconsistente, pueden volar durante días sin posarse en tierra, consumiendo tan poca energia que incluso duermen en el aire, volando. Quizás duerman soñando las nubes del mejor modo posible: siendo nube.

Cientos de miles, y seguramente millones, de personas humanas cada día en las grandes y pequeñas ciudades del mundo, recogen de los contenedores de deshechos miles de toneladas de lo que el capitalismo ha considerado basura. Son objetos y comida en estado de uso y consumo que acaban despilfarrados por la doctrina desquiciada del “usar y tirar”. Realizan una labor social y ecológica sin parangón, permitiéndoles sobrevivir. Sin este trabajo formarían parte de la lista de muertas que el sistema económico terrorista que nos domina. La basura no existe, como no existe la inferioridad ni superioridad racial o específica ni el género. La basura en la naturaleza es ciclos y todo sirve para algo. Cuando veáis a recogedores de basura por vuestras ciudades, agradecédles su trabajo. Encerradas en nuestro artificio vital es cuando la fortaleza se hace cárcel y también sentencia.

Los albatros son excelentes pescadores, su dieta es también oportunista, por tanto comen restos de capturas arrojados por los barcos de pesca, calamares muertos e incluso cogen cebos de pesca de palangre y acaban muriendo con los enormes anzuelos clavados en sus gargantas, o ahogados enredados en las redes. Las parejas alimentan a su única querida y valiosísima cría con esas capturas, que incluyen trozos de plástico, mecheros, tapones de botellas, y muy diversos objetos que las adultas confunden fatalmente con comida. Muchos pollos muertos han sido hallados en las colonias de cría, con los vientres llenos de basura humana, que no pudieron digerir y que los mató de hambre. Saciados por inerte plástico.


El miedo de los dinosaurios se llamó meteorito, como el de la biodiversidad se llama Ser Humano, pero los dinosaurios no crearon al meterorito. Seamos tan generosas exigiendo nuestros derechos, como otorgándolos a las demás. La riqueza no es poseer, sino no necesitar. No necesitamos ni una décima parte de lo que compramos. Cada día de extracción y prospección de depósitos petrolíferos o bolsas de gas, despilfarro de celulosa, transportes de mercancías y turismo, explotación de suelo fértil para superproducción de comida, cada día de crecimiento económico a costa del planeta supone la matanza de billones de animales no humanos y ejemplares únicos de flora. Cada día. Centrarse únicamente en el veganismo, que protege apenas a un centenar de especies, es de una miopía profunda. El planeta nos está exigiendo el decrecimiento inmediato del progreso económico y la implantación de la renuncia como modo de salvar y salvarnos. Cualquier acto en otra dirección será la sentencia de muerte para millones de especies. La especie humana sólo se enmendará comportándose como los demás animales. El método de conservación natural más eficaz del mundo es acabar con el capitalismo. Desnudad al ser humano de expectativas y mística y quedará la carne temblorosa, frágil, como la de los sublimes albatros.





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martes, 19 de diciembre de 2017

Patriarcado especista

         Al márgen de un discurso feminista que no me compete mostrar por poseer un cuerpo leído macho por la sociedad, vehicularé el siguiente texto según una visión del feminismo aplicada a la explotación de los animales no humanos Conceptos dolorosamente idénticos en demasiados casos, así como tendencias y carácter de una instrumentalización que opera para someter lo mismo que para rentabilizar. No se pretende en el texto sustituir a ninguna mujer, ni hacer una educación feminista, sino tan sólo transversalizar y visibilizar unos paralelismos y modus operandi entre la explotacion a los animales no humanos y la cosificacion a la mujer por parte del patriarcapitalismo.

             La cultura del miedo y la violación, de la guerra, de la invasión, de la rentabilidad a toda costa, del beneficio sobre la vida, son algunas de las caracteristicas del libre mercado neoliberal, que involuciona desde el capitalismo, excretado a su vez por un padre dominante y acomplejado. Milenios de sometimiento patriarcal en ámbitos políticos, economicos, socioculturales y religiosos, sitúan a la hembra humana en una posición de reponedora de otras humanas, de autómata expendedora de vida para fines de perpetuación específica. La figura de la madre, glorificada por las religiones mayoritarias, no es ensalzada por sí misma, en su valor intrínseco, sino como sagrado cáliz de lo importante: el profeta nacido, siempre macho. Durante las dictaduras y las guerras en la historia, las mujeres cumplían una funcion fundamental de productoras de nueva carne de cañón, nuevas trabajadoras, nuevas soldadas, y nuevas acólitas del pensamiento imperante en cada determinado regimen. Este modelo a interpretar se presenta tan ubicuo como obtuso, por la limitación de perspectivas que adjudica a la hembra humana, cuya infancia es un adoctrinamiento de la fertilidad y la obligación del cuidado, del participación pasiva en los acontecimientos sociales que se desarrollan. Después, su vejez será la memoria de aquella madre que fue. A las hembras no se las otorga valor en sí mismas para el patriarcapitalismo -acaso reducidas a meras consumidoras-, sino que son la pieza clave para perpetuarlo.

              La explotación de los animales necesita de madres, miles de millones de animales son nacidos y ejecutados en centros de reproducción y extermínio, y las hembras son consideradas como poco mas que un sistema reproductor, matricial y uterino, tratado como un engranaje más de la cadena del carnismo. Los machos reproductores no tienen un destino muy disímil, pero su función es la producción de esperma para fecundar -violar- a las hembras, la concepción y el parto es delegado a las hembras.

               Nadie que no sea una imbécil ética puede negar que los animales no humanos sienten, piensan, desean vivir y necesitan su libertad para hacerlo. Discriminar animales por su especie es una conducta fascista y por ende, patriarcapitalista. Ni siquiera un ciencia que confirma desde hace décadas la personalidad animal, la sintiencia y la complejidad de las vidas animales puede ser tan elocuente como la propia observación de los animales que tenemos cerca, donde vemos sus intereses, sus deseos de decidir y su idiosincrasia personal, exactamente igual que la de los seres humanos.


           Nada tan patriarcal como la cultura de la invasión y la dominación. La lectura de una naturaleza depredadora-depredada donde el parasitismo y la competitividad dominan el discurso ambientalista, obvian flagrantemente la mucho más vigente cultura de la cooperación, la sinergia, la simbiosis, el comensalismo o el altruismo. Así, los comportamientos invasivos y jerárquicos o la magnificación del concepto de macho alfa, niegan otras formas de convivencia.

        La persona violadora y la persona carnista comparten una visión meramente instrumental de sus presas, considerándolas como meros trozos de carne, dentro de una dinámica de lucha y sometimiento donde una gana y otra pierde. La mirada de alguien sobre otra alguien reducida a un trofeo, unos kilos de carne, un placer o una satisfacción unilateral es exactamente igual en una canibal, una violadora, una pederasta o una consumidora de porno, prostitutas, carne y productos de origen animal. Ese mismo rol de verdugaje actua en la esclavitud y el secuestro mediante la fuerza bruta o el chantaje que ejercen los machos sobre las mujeres sumisas, sometidas o alienadas, donde la víctima deja de tener identidad e intereses, para convertirse en cosa al servicio de alguien. La cosificación de las mujeres y animales no humanos es la base de la cosificación de la vida, y ninguna sociedad puede avanzar mientras haya seres sintientes de primera clase y seres sintientes “intocables” o de castas inferiores, destinados a servirnos.

            Las abejas son insectos con personalidad y vida compleja, según resultados de estudios realizados en diferentes países por diversas científicas. En el panal productor de miel, polen, jalea real o cera, la reina es sometida a un proceso de violación sexual repetida hasta que su vida productora se reduzca, entonces sera ejecutada. En Israel y en muchas explotaciones apicultoras del planeta, las reinas son decapitadas sistemáticamente cada año, con fines de aumento de las puestas de huevos. Las trabajadoras son aplastadas durante la recogida de los productos del panal, que se hace en granjas industriales con aire comprimido y que les produce amputaciones de patas y alas y muerte por inanición o por aplastamiento de las celdas meleras manipuladas. La sobreexplotación en el robo de los productos de la abeja lleva a panales enteros a la destrucción, y la cría de abejas es un mero ejercicio de sometimiento de hembras, casi exclusivo.

             Las miserables vidas de las gallinas llamadas “ponedoras” son desperdiciadas encerrándolas en jaulas del tamaño de una hoja din-a4, no pudiendo ver el sol o abrir siquiera las alas. Descalcificadas por el esfuerzo de poner un número de huevos diez o quince veces superior al estado natural, se despluman por el roce continuo con barrotes. Ese sangriento forzado de sus condiciones sexuales naturales hasta el extremo, les provoca infecciones en la vulva y tumores en la vagina y el sistema reproductor, muchas mueren por huevos atascados en sus conductos, picoteadas y canibalizadas por el estrés en sus compañeras de jaula, las cuales, excitadas por la visión de sus vaginas llagadas, picotean agrandando las heridas en infecciones raramente vistas en hembras humanas pero que presentan una apariciencia tan altamente dolorosa como similar. La vida de la gallina depende de su producción, pero no suele pasar de 1,5 meses, cuando en libertad podría alcanzar los 6 y 8 años), la descalcificación y desvitaminado de tan enorme producción de menstruaciones que serán robadas, las deja en un estado deshechable del que se recuperarán.... siendo trituradas para subproductos cárnicos. Los pollitos destinados a cría nacen en incubadoras, sin más contacto que sus hermanos y compañeros, caminando sobre fetos muertos y huevos sin eclosionar, son sexados y lanzados a tolvas gigantes donde según la finalidad que vayan a tener (hembras-gallinas “ponedoras”, machos-carne) son triturados vivos (para la indústria cárnica) o no, gaseados vivos o no, o metidos en bolsas de basura a razón de cientos hasta que se mueran aplastados por el peso o asfixiados en lenta y horrible muerte. Son los llamados “pollitos de un día” y son eliminados varios cientos de millones cada año, sólo en la UE. La industria del huevo es explotación de cientos de millones de hembras por el hecho fisiológico de serlo.

              Las cerdas de cría son encerradas en cubículos poco más anchos que su cuerpo, que no las permiten girarse, sólo derrumbarse para dormir o para alimentar a las pequeñas cerditas que serán separadas de ella para ir a las naves de engorde. Muchos bebés mueren aplastados por la propia madre, que no puede ver dónde se tumba dentro de su angosta cárcel. Cuando dejan de ser productivas, se llevan al matadero o se ejecutan ahí mismo, en la granja, si no se hallan en estado de caminar por su propio pie. Es frecuente encontrar en los contenedores de cadáveres de las granjas de explotación, inmensas madres muertas que han colapsado del esfuerzo, sobre ellas, docenas de cadáveres de sus cerditos, reventados contra el hormigón por las trabajadoras de la factoría de carne, o dejados agonizar de hambre sobre el cuerpo de la madre muerta.

                 Las vacas consideradas lecheras han sido genéticamente seleccionadas y estimuladas mediante hormonas con el fín de producir diez veces más leche que sus antecesoras, ello conlleva a una extenuación física y psíquica de sus cuerpos, descalcificados, que en ocasiones no pueden sostenerse sobre sus patas, que se rompen y deben ser arrastradas al matadero. La vaca es inseminada, violada mediante un brazo humano introducido hasta el fondo de su vagina y acompañado de una cánula seminal para fecundarla,. Es habitual hacerlo poco después de haber parido, de manera que si deja de producir leche es enviada prematuramente al matadero con el feto dentro. El 25 % de las vacas llegan al matadero embarazadas, y se las ejecuta a ellas y a sus fetos. El continuo parir las genera infeccionesde vagina y vulva, evisceraciones de intestinos por músculos incapaces de contenerlos y todo tipo de enfermedades de orden sexual. Sus hijas son secuestradas al poco de nacer y ejecutadas o engordadas para carne o producción lechera lejos de la madre

              En la relación patriarcal la evolución de la fuerza bruta ha derivado al chantaje del amor romántico, donde un destino superior enlaza indisolublemente a la mujer con el hombre posesivo, disfrazando de belleza la esclavitud. Las granjas con gallinas “felices” de obsequiar con sus huevos a la persona explotadora, las vacas contentas de “dar” su leche o a sus hijas al cuchillo, el “amor” de la persona granjera hacia sus esclavas, la supuesta relación consentida entre el animal no humano extorsionado y secuestrado con la persona que lo posee en un supuesto agradecimiento mutuo... Una nauseabunda escenografía la cual forma parte de una tétrica obra de falsía y mentiras, como los mitos de amor romántico, idealizado en el cine, la literatura, el arte y la cultura en general, la religión y la sociedad; donde la posesión, la indisolubilidad, la pertenencia y el vínculo obligatorio tiene un aire benévolo que contrasta con la realidad de los maltratos, las palizas, los celos, los controles y la coerción ejercida por el macho hacia la hembra, en el seno de una cotidianeidad que mima ese concepto y niega a la víctima de su libertad de elección. Incluso la aplicación de las leyes contempla el “buen trato” como algo abstracto y delegado a la voluntad de la persona explotadora. En el caso animal no humano sus voces son inaudibles puesto que son considerados bienes muebles, y en el caso de las mujeres maltratadas, se cierne una sombra inmensa de duda sobre los casos de denuncias hechas por mujeres, que son sometidas a riguroso examen de credulidad, hasta que en muchos casos la mujer resulta asesinada. El amor romántico resulta tóxico porque formaliza el maltrato y lo embellece con un discurso brutalmente patriarcal, donde el macho interpreta un rol activo y la hembra-animal no humano, ejerce un rol pasivo.

                      Lo personal es político. Ningún maltrato, violencia o explotación cometido por alguien contra alguien puede quedar en el campo de las decisiones personales. Las dinámicas de dominación patriarcal abarcan mucho más que el sometimiento directo a las mujeres, son un sistema brutal y violento que debe ser erradicado por el bien de la ética y la construcción de una sociedad sin víctimas.









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domingo, 5 de noviembre de 2017

El desafío catalán

En su lecho mortal, enjuto y moribundo, el viejo dictador susurró al oído del sucesor de su imperio “preserva la unidad de España”. Sonaba como la voz macilenta de un zombie, pero se trataba de una orden concreta, sobre la naturaleza de la cual ya mostró obsesión enfermiza durante su mandato a sangre, represión, cárcel y fusilamientos, y la cual quedó grabada en el cerebro del joven nuevo monstruo. Otro parásito de sangre azul, acusado de matar en su juventud al propio hermano en un accidente de caza para heredar el trono, y que recibíría la corona real de las própias trémulas manos del asesino, restaurando aquella ridícula -como todas- realeza, que la república sanamente había erradicado de España hasta el golpe de estado de 1936 y la guerra consiguiente que costaría un millón de muertas. La monarquía española es un resíduo pegajoso de la dictadura, como el excremento que queda pegado al inodoro y no se va sin ayuda de escobilla.

    Murió por fín el asesino, sin cargos de mala conciencia, sin las uñas manchadas de la tinta con que firmaba las sentencias de muerte, sin las canas enredadas de los aullidos de las torturadas en sucias comisarías, plagadas de fascistas sin escrúpulos ni más patria que el dolor ajeno. Pálido murió, como las ciento cincuenta mil muertas que su dictadura dejó, personas sin una tumba donde llorar a un padre, y la impunidad más absoluta recargada de chulería por parte del poder, tanto del de derechas como del de “izquierdas” que hubo, una mera pantomima que llenó el país de armamento de la Otan, centrales nucleares, bases americanas y profunda corrupción. Se especula que España es uno de los países con más corrupción estatal del mundo.

    Camboya ha sido la dictadura más sangrienta de la historia contemporánea, después de ella, España es el país con más desaparecidas del mundo. Triste récord. Yacen en cunetas olvidadas, 80 años con las manos atadas, un tiro en la nuca y ninguna intención por parte de las administraciones de la España actual de exhumar dichos cadáveres, por ser de antifascistas, por ser de segunda clase. Mientras en muchísimas ciudades de España todavía lucen nomenclaturas con símbolos franquistas, nombres de sangrientos generales o del propio caudillo Franco. A nadie se le ocurriría legalizar una asociación en honor a Adolf Hitler, como sucede lamentablemente en España con la Fundación “Francisco Franco”, que recibe fondos públicos del estado y organiza eventos y apoya iniciativas parlamentarias. El saludo romano del imperio nazi está severamente prohibido y castigado en Alemania, no en España.

    Esa basura es España, neofranquismo en estado puro, con su sol, sus playas, su alcohol barato, sus paellas y más de 60 mujeres e hijas ejecutadas sólo este  año por terrorismo machista. Un cuadro menos pintoresco que el que la industria turística vende a la incauta visitante. Es por ello que Catalunya ha querido huír de esa España.

     Cuando el presidente catalán Lluís Companys en 1940 declarara la independencia de la República Catalana, y después de ser detenido por la Gestapo en Francia, a petición de la policía franquista y fuera fusilado por soldados en el castillo de Montjuich de Barcelona, se inició un intento de destrucción de la cultura catalana. El idioma catalán (uno de los cuatro idiomas oficiales del estado español junto con el gallego, el euskera y el castellano, porque el “español” NO existe) estuvo prohibido en las escuelas franquistas, donde “sólo se hablaba cristiano”. Quien aquí escribe debió aprender catalán en casa como miles de niñas, y como miles de niñas, el abuelo de quien aquí escribe estuvo tres años en la cárcel por republicano. Las cárceles durante el franquismo siempre estuvieron llenas.

    Esto es sólo un contexto de la situación actual en Catalunya. Hay muchos más prolegómenos, mucho más dolor, represión, chillidos y lágrimas. Y sucedió algo similar en Euskalherria, donde surgió una formación político-militar llamada ETA, y que asesinó a quien fuera el presidente franquista, primer sucesor elegido por Franco, almirante Luis Carrero Blanco, llamado popularmente “el ogro” por su aspecto brutal y tosco, y que acabó con cincuenta kilos de dinamita bajo el coche y lo mandó a 30 metros de altura hacia el cielo que anhelaba. ETA fue tristemente famosa por sus 800 asesinatos pero la violencia es una herramienta fácilmente neutralizable por el poder. Con más violencia, claro, el pasatiempo preferido de los machos. Casi era un placer para el aparato represor franquista y postfranquista -lleno de machos bien cebados con carne y sedientos de sangre ajena- poder acusar a ETA durante los últimos 40 años de neofranquismo, de todos los males habidos y por haber, y justificar todas las actuaciones del gobierno central y regional en cualquier aspecto de la esfera pública, utilizando sus muertes como cortina de humo para desvalijar las arcas públicas, establecer sistemas de encubrimiento de corrupciones, creación de grupos terroristas sicarios estatales, hacer presas políticas, prolongar la tortura, el terrorismo de estado,... instalando una justícia visceralmente partidista, asesinatos de detenidas, presas políticas postdictadura... y creando ese cocktail mafioso entre la cultura del miedo y la cultura de la violación tan popular en el mundo patriarcal. España no tiene nada que envidiar a las repúblicas bananeras, peor, porque es una monarquía bananera.

    Las dictaduras encubiertas funcionan en casi toda América latina, y en España por supuesto, con sus leyes opresoras (la famosa “Ley mordaza” que inhibe muchas formas de protesta en la península ibérica, o las leyes antiterroristas que permiten criminalizar y linchar mediáticamente a la gente acusada de actividades “terroristas” -existen decenas de casos de cadenas perpetuas encubiertas, así como presas políticas sin cargos-. La impunidad de las apologías a la dictadura o la prepotencia de un gobierno que, tras los años de la llamada Transición  -comenzada tras la muerte física del dictador en 1975 y que costó 600 asesinatos-, mantuvo en cargos de poder y gestión de estamentos gubernamentales a todas las figuras políticas del franquismo y a sus familiares; en un nepotismo de manual que garantizaba que poco iba a cambiar y que todo quedaba -en palabras del propio Franco- “atado y bien atado”.

    La Constitución Española se firmó en 1978, el artículo 2 dice “se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles", negando por arte y magia de la voluntad del dictador el derecho a la soberanía de aquellos territorios que, democráticamente, quisieran no pertenecer a la sangrienta España cuya tradición más conocida es la de ejecutar a los toros ante cientos de espectadoras. Durante décadas los pueblos vasco y catalán, como partes más activas en un deseo de desligarse de la toxicidad neofranquista, se toparon con ese muro constitucional. Era una constitución que, como todas, debía revisarse y adaptarse a la realidad social de cada territorio. Durante su historia, Alemania ha reformado su constitución en 80 ocasiones, por poner un ejemplo, pero la española sólo ha sido reformada para benefício de la oligarquía política y la monarquía, la trama de una mafia hondamente corrupta.

    Cansadas de darse de bruces contra el muro del círculo vicioso burocrático y la antigua estupìdez del gobierno fascista español, que impedía hablar de independencia, las asociaciones, partidos políticos y entidades independentistas de toda Catalunya formaron con el gobierno la propuesta de un referendum para la soberanía catalana, que fue inmediatamente rechazado por el gobierno central español, como siempre, pero que se mantuvo firme a pesar de las amenazas y las represalias ante un presunto delito de sedición. Ante la inminencia del 1 de octubre de este año ( fecha elegida para el sufragio catalán, la pieza crítica de su desafío ), el gobierno neofranquista español envió a 10.000 unidades de un cuerpo policial-militar para impedirlo, confiscando para ello el material propagandístico de la votación, papeletas de voto y buscando por toda Catalunya las urnas -escondidas en Francia-, desarticulando páginas webs informativas al respecto y otras medidas represivas que las catalanas ya esperaban e iban contratacando con páginas nuevas e información renovada y actualizada cada hora. Las papeletas se imprimían en casas privadas, la policía havía revisado imprentas buscándolas. La noche previa al día 1-O cientos de miles de catalanas, trabajadoras, estudiantes, jubiladas y pueblo puro durmieron en las escuelas, pequeños ayuntamientos y lugares destinados a las votaciones, con sus termos, sus mantas, sus abrazos y su esperanza. La solidaridad y sincronización de la gente fue espectacular, la firmeza y la cooperación, así como un ambiente de pacificidad total invadieron toda la lluviosa jornada. Por la madrugada, miles de agentes policiales equipados con material antidisturbios y en algunas ocasiones bajo los efectos de narcóticos, entraron por las malas a todos los lugares donde se había o se estaba votando. Rompieron puertas, destruyeron vidrieras, tumbaron vallas, arrancaron cerraduras, patearon y apalearon personas, aporrearon ancianas, dejando una persona ciega y cerca de mil heridas, además de cientos de magulladas de levedad. Las gestionadoras de las votaciones llevaban un control de los votos digital que impedía a la misma persona votar dos veces, gente envuelta con las diferentes banderas votaban sí o no, o lo que quisieran, líbremente, como en cada sufragio, votaron jóvenes, ancianas de más de cien años, barrios trabajadores, gente común. Las urnas llenas o en peligro de incautación eran desaparecidas rápidamente por la gente cómplice en una desobediencia civil histórica en la línea de Thoreau y llevadas a un lugar seguro por personas que corrían mientras las hacían pasillos humanos. Las urnas eran colgadas de los árboles fuera de la vista de las mercenarias, disimuladas aquí y allá de mil creativas maneras hasta lograr que pudieran contabilizarse en sitio seguro, en un ejercício de astucia y burla a una autoridad que no reconocían, sin precedentes en la historia contemporánea catalana. Las agentes de la policia catalana desobedecieron los mandatos del gobierno y no actuaron contra la población civil, las bomberas catalanas formaron cordones de protección de la población ante las robocops fascistas. Miles de votos se perdieron, secuestrados por la antidemocracia española, pero aún así se contaron más de 2 millones de síes para la independencia, casi 180.000 noes y unos 65.000 blancos o nulos. El referèndum se logró. Catalunya dijo SÍ, queremos autodeterminación.

    Ese día la gente formó la República Catalana, eso ya está decidido en un mundo donde realmente el pueblo sea soberano. Pero la formalidad exige otros procedimientos, exige legalidad, declaraciones oficiales, y para ello estaba la figura del presidente, que en el parlamento catalán, el 10 de octubre debía declarar oficialmente ese nuevo estado. El problema radicaba en que la Guardia Civil (el cuerpo policial dependiente del estado español encargado de secuestrar las urnas), tenía órdenes de detener de inmediato al presidente catalán si declaraba la independencia,  entonces la maniobra del presidente fue declarar la República Catalana PERO suspender sus efectos provisionalmente, buscando en ese lapso de tiempo un espacio de negociación, o bien con el estado (improbable) o con la comunidad internacional, que apoyara y presionara al gobierno español. Muchos países se posicionaron a favor, entre ellos Eslovenia -con un pasado similar de independentismo-, y otros en contra. Desde ese día han sido citados a juício el jefe de la policía catalana (Mossos d´Esquadra), y han sido detenidos y encarcelados Cuixart y Sánchez, presidentes de la Asamblea Nacional Catalana (ANC) y Òmnium Cultural, entidades promotoras de las elecciones, y los cuales llevan en prisión más tiempo que ufanos y reconocidos torturadores de la policía franquista, como “Billy, el niño”. España quiere aplicar el artículo 155 de la Constitución que permite asumir el mando de la autonomía catalana, delegar al presidente y a la clase política para sustituirla con la suya, tomar las fuerzas policiales a su mando, intervenir el sistema de finanzas e incluso los medios informativos catalanes, mucho mucho más objetivos que el circo completamente imbécil del informativo español, tan similar al del régimen de Franco. La administración catalana niega esa asunción y responde que sólo escuchará la voz del pueblo elegido democráticamente.

    El 27 de octubre, el presidente catalán Puigdemont, anunció oficialmente la República Catalana, iniciando los mecanismos del aparato opresor español y la puesta en marcha del artículo 155, en plena crisis jurídica y con la mayoría de cargos del Partido Popular (en el gobierno de España), imputados en delitos de robo, corrupción, prevaricación y finanzas ilegales, así como sospechosas muertes de miembros del partido que debían declarar ante la justicia; así como desaparición, quema y destrucción de pruebas que involucraban a un considerable número de cargos del gobierno. Toda esta trama sugiere que el partido gobernante es una mafia criminal prepotente y arrogante, la cual en connivencia con la oposición política en el senado, han mantenido el carácter neofranquista del estado desde la muerte del dictador. 8 consellers del gobierno catalán se hallan en prisión en este momento y el pueblo organiza manifestaciones, huelgas generales y otros tipos de protesta pacífica y resistencia pasiva, en la línea de la Revolución de Terciopelo eslovaca.

    La República Catalana es un territorio geoeconómico neurálgico de entrada de mercancías a Europa desde el puerto de Barcelona (el segundo más importante, junto al de Hamburgo), además de colindar fronterizamente con Francia y Andorra. Catalunya posee una industria potente (creada en parte por el propio Franco como estrategia para atraer migración española y por mezcla diluir la catalanidad, y lo cual consiguió un efecto contrario como se ve ahora, cuando son las hijas de las migrantes las que reclaman independencia), y representa el 22% del PIB español, además del único modo de pagar la deuda externa de España, cuya patética política interior ha sido inútil a la hora de crear empleo e iniciativas para pequeña empresa en el territorio, o que prohibe por ejemplo captar la luz del sol para consumo propio (equivaldría a la prohibición de recoger agua de lluvia que pretendió el gobierno boliviano en el año 2000 y que acabó en las revueltas populares que tumbaron las intenciónes de privatizar el agua). Catalunya es autosuficiente y la idea de un estado catalán en el marco o no del euro y la UE, es viable e incluso deseable.

    A la pregunta de qué hace una persona anarquista hablando de países, responderé que el conflicto en Catalunya no es una lucha de nacionalismos ni banderas. Las banderas son trapos y los patriotismos, asuntos de gente acomplejada. La República Catalana es el resultado de 300 años de opresión, ataduras, censura y represión que calaron en el rechazo de un pueblo, formado por trabajadoras y por ricas, por activistas y por pasivistas, por abuelas y por adolescentes. El desafío de una tribu al totalitarismo de un imperio, que clama por desvincularse para construir un lugar de autogestión fuera del marco de los macroimperios patriarcales tradicionales y de la monarquía fascista y parásita. Aunque esté sujeto a las leyes del mercado neoliberal, sus gobiernos, de más cercanía con el pueblo, tienen más posibilidades de crear sistemas económicos, políticos, ecológicos, feministas, etc más horizontales y de izquierdas, de un carácter más asambleario. Aún lejos todavía de la justícia y la igualdad, es un paso, un pequeño paso solamente en un mundo humano horrendo, por patriarcapitalista e invasivo.

    Con 200 años de antigüedad, una de las tradiciones más conocidas de Catalunya son sus “castellers”, castillos humanos verticales de diferentes estructuras, pisos y unidades humanas de hasta 10 metros de altura. Representan una disciplina de arte efímero de construcción y deconstrucción inmediata, una instalación metáfora de solidaridad para alzar algo y desmontarlo enseguida, como una respiración, volátil como la vida y la muerte, dejando quizás un rastro documental y una emoción, pero sobretodo el esfuerzo, compenetración, equibrio, cooperación, empoderamiento y un pequeño símbolo, una niña -la “anxaneta”-, que llega a la cúspide, alza su bracito “haciendo la aleta” y vuelve abajo inmediatamente, iniciando el derrame gravitatorio de cuerpos sudados, como una vela que se funde a la parafina original. No hay nada más, ni nada menos, alzándose sin más ayuda que manos, hombros, espaldas, codos, piernas, cinturas, muñecas, clavículas, músculos, cartílagos, huesos, destreza y cohesión. Las cabezas visibles de los “castells” son la niña que está arriba, y las tontas ven sólo eso, pero eso es sólo el final. El proceso, lo que conmueve de esta tradición, considerada Patrimonio Mundial de la Unesco, es toda la gente, el esqueleto, la estructura, los soportes, las costillas y los apuntalamientos en piña de la torre, es decir, el pueblo. La independencia de Catalunya es eso, su pueblo decidiendo decidir.


domingo, 15 de octubre de 2017

¿ DOMESTICADOS ?



Existen divisiones inverosimiles en nuestra visión de la animalidad terrestre, una de ellas es la que segrega a ciertos animales para comida y otros para acariciar, otra división es simplemente entre “los animales” y la especie humana, pretendendiendo quizás que somos alguna especie de hongo o vegetal y no -lo que somos- animales todos. Una tercera división pretende que hay animales “salvajes” y animales “domésticos”.

La pretensión del antropocentrismo de crear una naturaleza dócil y sumisa a sus caprichos, fantasea con el delirio de la “domésticación” como un gran éxito de la superioridad humana. Los animales así “domesticados” se ordenan en la categoría de indisolubles a la voluntad del ser humano, al espacio que les queramos otorgar, a nuestra benevolencia y buen hacer, así como a la instrumentalización que hacemos de ellos, olvidando la genética, que se desarrolló durante millones de años, a fuego lento, en los crisoles del acierto-error, en las optimizaciones y las mejoras del tesoro de las células, los aminoácidos y las cadenas genéticas.

Animales como el caballo por ejemplo, proceden de antepasados que datan de 55 millones de años, pero cuya “domesticación” por el ser humano apenas se remonta a los 3600 años. Sucede lo mismo con el lobo, que ha sido encontrado en fósiles de 38 millones de años y de cuya rama ha surgido esa subespecie que llamamos perro, con apenas 14000 años de convivencia entre humanas, un poco más que el cerdo o la oveja, con sus 13000 y 9000 años bajo nuestra tiranía. El gato “doméstico” procede -como todos los felinos- de un antepasado común, un depredador similar a la pantera habitante del sudeste asiático y datado en 10,8 millones de años, pero sólo convive entre nosotras desde hace 9500 años. Todas estas y muchas otras diferencias temporales entre la realidad genética de los animales y su supeditación a los intereses humanos, delatan errores de interpretación antropocéntricos, claramente unilaterales, los cuales explican las vidas de dichos animales según nuestro filtro y nuestra conveniencia.

La literatura al respecto de los animales que explotamos para comida, vestimenta, trabajo, etc, parte de la base de la “domesticación” como punto de partida, invisibilizando los millones de años pretéritos de la existencia de tal o cual especie vinculada a nosotras. De hecho todos los animales “domesticos” reciben su nombre a raíz del uso que de ellos hacemos, reduciendo su historia a la genuflexión a la nuestra. Hemos eliminado el pasado de los animales “de uso” (es decir, de abuso), hemos extinguido sus culturas, sus formas de vida ancestrales, sus instintos... para doblegarlos a nuestra voluntad. Sin embargo, la naturaleza es mucho más poderosa, y la genética sigue enviando al perro al bosque, haciendo indomable al gato y haciendo huir a las aves enjauladas.

La “domesticación” en la mayoría de los casos no es más que el miedo del animal a ser pegado. La confianza basada en la búsqueda de interacción, alimento o ayuda por parte de algunas individuas de “animales salvajes” (esta expresión es una redundancia) hacia los animales humanos, y sustratada probablemente en una cierta ingenuidad, condena a los animales a la posesión inmediata que ejercimos sobre ellos por el hecho de acercarse. Nuestra especie es perversa y posesiva. Incluso en los casos en que una humana ama a “su” animal “de companía” o “mascota”, existe una cierta dependencia con visos de sometimiento, donde la humana interpreta un papel jerárquico, dado que sujeta la vida de esos animales a sus intereses. Una cría de animal “domesticado”, educada fuera de un ambiente de esclavitud y dependencia del ser humano, tendrá un comportamiento salvaje inmediato, porque lo lleva en los genes, cuya inercia y eficacia se remonta a varios millones de años, y no a los miserables miles que hace que los poseemos.

     El animal no humano jamás reconoce la superioridad del humano, ni se pliega a su inteligencia -resulta espeluznantemente megalómana esa teoría-, sino que se doblega y somete por terror, incapaz de comprender la maldad y falta de escrúpulos, ingredientes jamás encontrados en ninguna otra especie con tanta saña y enfermiza obsesión como en el homo sapiens. Nuestra especie alimenta y cuida a los animales llamados “de consumo”, y de un día para otro los degüella, estableciendo una “relación” de mentira, traición, engaño y crimen. No hay cooperación entre el caballo obligado a arrastrar un carro y la mano que lo alimenta (únicamente para que no se muera y poder seguir explotándolo), no hay pacto entre las gallinas y quienes roban sus huevos y sus vidas, no hay simbiosis entre la vaca y la gente que la viola y exprime, no hay armonía ni amistad y mucho menos amor. Todos esos argumentos son subterfugios y falsías, detrás de ellos queda, desnudo, el crimen.

En los ambientes rurales hay quienes cuidan más su coche que los animales no humanos que tienen bajo custodia. La brutalidad es el método de relación más habitual entre seres humanos explotadores y animales no humanos. El discurso perverso de la armonía rural entre granjeras y vacas o gallinas felices y cerdos agradecidos termina su romance... bajo el cuchillo. Nadie mata lo que ama. Nadie... que no esté enferma.

La fábula de la domesticación se difumina definitivamente cuando el perro nos muerde, el caballo nos cocea, el gato nos araña o la cabra nos embiste. La domesticación es algo fictício y antropocéntrico, que pretende solamente someter a los animales interponiendo en sus voluntades, las nuestras, extendiendo para ello una alfombra de argumentos absurdos, bien gruesa e insonorizada para que no escuchemos sus gemidos de agonía y sufrimiento. Sobre esa alfombra se pretende que la persona explotadora sabe más de los intereses de la esclava que cualquier otra persona, siendo ello como si las guardianas de los campos nazis fueran por ello expertas en comportamiendo de las presas que tienen secuestradas. Los animales así esclavizados no ejercen una conducta libre, sino sometida al miedo a las consecuencias de su rebeldía. Los animales insumisos, de especies consideradas “domésticas”, son ejecutadas por rebelarse, castigando la libertad natural, quizás porque somos una especie condenada a funcionar en manada y no soportamos la idea de la libertad...

Todos los animales somos salvajes, los instintos son la base de nuestra supervivencia. Nadie nace para nadie, y todas las relaciones se basan en pactos y contratos tácitos. Si una de las personas no desea participar en una relación, mantenerla a la fuerza es secuestro, si esa otra persona -humana o no humana- desea esa relación, no la convierte en domesticada.







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miércoles, 30 de agosto de 2017

Fronteras

La razón por la cual cientos de millones de humanas en el mundo no comemos animales no humanos es la misma por la cual la mayoría de la población humana no se come entre sí. Desde un punto de vista económico y práctico, devorar los cadáveres de nuestras familiares y conciudadanas humanas sería correcto, pues es un despilfarro alimentar y cuidar a alguien durante su vida y luego enterrarla o incinerarla sin aprovechar su carne. Desde el punto de vista económico todo es comprensible -ya lo vimos en Treblinka-, pero hay otros factores. No lo hacemos, por cultura, pero sobretodo por ética. Las razones del veganismo son las mismas que niegan el canibalismo. Contra las muertas y su esclavitud.

Comer cadáveres humanos era una práctica normal hasta finales de la Edad de Piedra y desde 800.000 años atrás, con el homo antecessor, como alternativa gastronómica fruto de ser una especie oportunista. La antropofagia ritual comenzaría más tarde, por diversas creencias y cultos. Hoy día el canibalismo está relegado a situaciones extremas de guerra, hambrunas, o enfermedades psicopáticas criminales, en todo caso está prohibido en el mundo occidental, aunque es ritual en ciertas tribus africanas, meso y sudamericanas y polinésicas. Perseguido y penado, pero actual. En el resto del mundo, nuestra carne se halla bajo amparo legal de no consumo... teóricamente. Sin embargo en Europa se consume carne humana, como carne de otras especies en inminente peligro de extinción, la ley simplemente no es suficiente, y la ética hace lo que puede. Por curiosidad, por morbo, por banalidad del mal, por perversión... Durante un estudio realizado entre jóvenes estudiantes varones en España hace un año, preguntándoles si violarían sexualmente a chicas, sabiendo que no habría ninguna consecuencia legal por ello, el 40% de los encuestados respondió que sí, que lo haría. Prohibir la violación sexual, la pederastia o el canibalismo es sólo el mínimo garante de que dichas acciones no se hagan de un modo masivo y público, pero todo ello, hoy día, sigue existiendo.



Del mismo modo en que es imposible garantizar el bienestar de los animales no humanos explotados, dada la indecente cifra que alcanzan -infraestructura necesaria, personal disponible y costes derivados de tal intención-, también es imposible garantizar el control sanitario y bienestarista de los millones de toneladas de carne en forma de amputaciones o en su forma abstracta de subproductos cárnicos que se consumen o se desperdician en el mundo. Simplemente es imposible, y la industria de explotación animal es un caos desbordado por su propio tamaño, un monstruo incontrolable que produce millones de casos de enfermedades, pandemias, plagas e intoxicación alimentaria, ...e incluye puntuales casos de antropofagia. La estafa y el fraude que acarrea dicha industria, sumada a la corrupción de las inspecciones veterinarias y al propio mundo perversamente especista de tal profesión, imposibilitan ni el más remoto uso de la palabra “humanitario” (entendido en un sentido positivo a mi pesar). Las pandemias y epidemias, las infecciones y virulencias fuera de los muros de los campos de concentración, las alertas sociales y los brotes de enfermedades que afectan -también- a la salud humana, son apenas una punta del iceberg, no lo suficientemente elocuentes para que la población renuncie totalmente al consumo de personas no humanas. El control cárnico es un teatro, una puesta en escena horrible para pretender establecer una división entre “carroña” y “carne”, con el único objetivo de alimentar una adicción y de mantener obeso al patriarcapitalismo. Las mezclas en factorías entre carnes de distintos animales y comerciadas bajo otro nombre para venderlas más caras, el uso de cientos de productos químicos legales e ilegales, accidentes donde seres humanos son molidos y vendidos como carne de otra procedencia, restaurantes donde se sirven carnes humanas sin conocimiento de la consumidora (su sabor no se diferencia de la de vaca), carne de cisne o bisonte vendida en Polonia, gato guisado también consumido en este país, personas desaparecidas que acaban en carnicerías... Todo es comestible, el carnismo es más que un comportamiento, es adicción a la carne, cultura de la violación. La carne fue alguien que no quiso morir, y la frontera entre especies apenas perceptible.

El grueso de la sociedad ha aceptado que comprar una niña es un acto deleznable y mezquino, aunque sea legal o paralegal en muchos países e incluso que al mercado realmente aporte cuantiosos beneficios al comercio mundial. Las personas humanas no son mercancías y -con superlativo- menos lo son las niñas, por su fragilidad e indefensión. Su inocencia e incapacidad de defenderse son valores suficientes para respetar sus vidas. Con fallido intento de exculpación acusamos golosamente complacidas a aquellas culturas que trafican con niñas humanas para diversos usos y placeres, porque nos hace sentir mejores y exculpa nuestros crímenes. Independientemente del hecho de que las niñas humanas sean traficadas diariamente en nuestras sociedades, comprando su silencio, acallándolas con regalos materiales, agasajándolas con bienes o dinero, esclavizándolas a la demencia del consumo, torturándolas a las normativas heteropatriarcapitalistas, comprando su libertad para que no molesten, y convirtiéndolas en esclavas; hay también otras niñas que en idéntico estado de indefensión ante nuestra fuerza bruta y sobretodo nuestra falta de escrúpulos, siguen siendo compradas y vendidas, enteras o descuartizadas, a peso, o vivas para que sean nuestras esclavas emocionales. Son las niñas no humanas, algunas en estado de bebé. Bebés no humanas son asesinadas a las pocas horas de nacer para el tráfico de carne. Bebés de un día de vida son trituradas vivos para la industria del huevo, niñas no humanas de una edad comparable a nuestras niñas de seis años, son atravesadas por el ano por un hierro, que emerge por el orificio de su cuello decapitado, para denominarse pollo al ast. Billones de muertes prematuras, un constante goteo de sangre, dolor, agonía y esclavitud de bebés, que la mayoría de una sociedad corrupta e idiotizada por la gastronomía, mata o manda matar. Mientras no erradiquemos el infanticidio en nuestras sociedades, no podremos tener legitimidad para juzgar lo que otras sociedades hacen. Ninguna legitimidad. La gastronomía humana es primitiva, subdesarrollada, a la altura moral de procurarse placer sexual a costa de no voluntarias menores de edad. El carnismo es pederastia.

Como activista de calle he podido escuchar de la gente en no pocas ocasiones "si pudiera comería carne humana", refiriéndose sin duda al impedimento legal que no transige tales prácticas, más que al freno moral que lo inhibe. Las fronteras de nuevo son maleables y elásticas. En todo caso se delata una situación existente en la actualidad de vulneración de las normas básicas de convivencia en Occidente, y que esclarece que la ética y la educación no son suficientes para erradicar el consumo de carroña. El canibalismo existirá mientras exista el carnismo. Mientras las personas sean vistas como carne, existirá la mirada violadora de alguien sobre alguien. La jerarquía, la desigualdad y la depredación.


martes, 25 de julio de 2017

MÁS QUE DOS



Si hay algo perfectamente invariable en el Universo, ello son los cambios. Si existe algo más normativo en la vida, esas son sus excepciones a las normas. Incluso en nuestro planeta, -el que mejor conocemos, aún con tanta ignorancia sobre él-, existen muchos temas sin zanjar. Uno de ellos es el sexo.

Enfrentar sin tabúes el temas de la identidad sexual, la orientación, la biología y el género son realidades que cada vez toman más conciencia en la sociedad, y es urgente hacerlo para dejar de provocar dolor, incomodidad, discriminación y apartheid social. El sexo biológico (algo mesurable en cromosomas, pene, vagina, hormonas...), que esuvo siempre mayoritariamente dividido en dos, ha sido finalmente cuestionado y se enfrenta al estudio del género, que convierte el constructo binario en algo cultural, meras expectativas basada en intereses reproductivos y sociales, pretendiendo erróneamente que la reproducción es nuestra única misión en la vida. Luego tenemos la identidad de género, que es aquella que hace referencia a quien la persona se siente ser, y en otro plano, la orientación sexual la cual refiere a cómo dirigimos nuestras apetencias sexuales.

Antes del genocidio europeo a fuego y cruz, las tribus nativas americanas reconocían cinco géneros sexuales: hombre, mujer, hombre de dos espíritus, mujer de dos espíritus y transgénero. Según la ciencia biológica en base a la propuesta de la doctora Anne Fausto-Sterling, se estudian al menos cinco sexos: macho, hembra, herm (hermafroditas verdaderos), merm (seudo-hermafroditas masculinos) y ferm (seudo-hermafroditas femeninos), y son muchos los ejemplos históricos de realidades más allá de la mirada reduccionista reproductiva macho-hembra, de tal modo que empobrecer la diversidad sexual al binarismo macho-hembra, es una falacia desde la propia perspectiva científica. El género está en el cerebro, en la cultura, en la educación, en la rutina, en la visión que de cada cual tienen las demás personas, en la programación codificada, haya o no una correspondencia con la forma física y la genital. La genitalia no obliga a nada. A nada.

La heteronormativa, los géneros impuestos por la apariencia, son una aberración contra la naturaleza, la cual es traviesa y simpática, y gusta de ser creativa y saltarse los patrones. La anguila listón azul por ejemplo, invierte su sexo a voluntad, igual que el macho de la serpiente listada, en sus orgias reproductivas de decenas de individuos, segrega feromonas para atraer a machos y mantener su calor. Estas serpientes son fingidoras, pero poseen esa capacidad de hacerlo para mejorar su calidad de vida.

Las hienas manchadas, matriarcales y amorosas madres de familia y clan, con sus vaginas largas como penes, confundieron durante décadas a los miopes exploradores que las creyeron machos “bien dotados”. Los peces payaso o los peces loro también cambian de sexo con la edad o cuando una hembra muere, para sustituirla, sin problemas, sin traumas, sin tabúes. Muchos molúscos macho entablan duelos de penes intentando penetrarse mutuamente, son tan masculinos que practican homosexualidad, como los toros y miles de especies documentadas. Las ranas rugosas cambian de sexo en función de la proporcionalidad entre machos y hembras. Los caracoles son bien conocidos por su hermafroditismo, en definitiva les da igual ser machos o hembras, les aburren las normas y quieren ser, simplemente, las dos.


Nada más natural en la naturaleza que la homosexualidad, especialmente entre jóvenes de especies, que descubren el sexo como una maravilla urgente, y exploran entre sus amigos porque tiene confianza y afecto, y no precisan entablar luchas, sino quererse y fluir. La masculinidad doble del ciervo rojo puede presentar individuos con o sin cuernos, de este modo existen hasta tres y cuatro tipos de macho dentro de su misma especie, diferentes en comportamiento y reproducción. Esa misma característica ha sido estudiada en peces y reptiles, como la lagartija uta, la cual manifiesta cinco géneros, diferenciados por colores, comportamientos y agresividades distintas.

Los roles de género son también abiertos y creativos en la naturaleza a la que estamos indisolublemente ligadas: parejas de pinguinos macho que pueden incubar un huevo y adoptar un polluelo si la madre falta, porque en definitiva, no importan los roles sino la vida del pequeño. Lo mismo sucede en islas hawaianas con parejas hembra de albatros que cuidan y alimentan polluelos. Adoptar hijas por parte de una pareja de hembras o machos es NORMAL, y sólo en nuestra triste especie parece representar un problema insalvable.... ¿Qué decir del propio parto?, un campo exclusivamente reservado a la hembra... salvo en el caso del hipocampo, que recibe de la hembra los huevos en su vientre y los fertiliza y gesta y hace crecer en su interior hasta que los expulsa un día en contracciones idénticas a las de las humanas, siendo uno de los casos conocidos de machos que paren. El gorrión de cuello blanco -con símbolos físicos distintivos de macho y hembra al mismo tiempo-, también desafía la notoria ignorancia de la dualidad como único camino de sexualidad.

Machos de sepias y gusanos azules que se comportan como hembras para despistar al macho custodiador y poder procrear con “su” hembra deseada. Que fingen, que se travisten, que se decoran y engalanan con imaginación y sin conflictos morales. En muchos animales nacer macho o hembra es una cuestión sólo de la temperatura a la que fueron incubados, a menudo aleatoria, y las poblaciones de muchas especies deciden el número de machos o hembras antes de nacer, y nadie se ofende, y nadie se enfada, y cada cual disfruta de su propio cuerpo. Para las masculinidades heridas tenemos el ejemplo de ciertos gusanos planos, que pierden el pene en peleas mutuas y se convierten en hembras.

Entre los grupos humanos tenemos las kathoey (no hombres) thailandeses, las cuales no se identifican ni con mujeres ni con hombres y son plenamente aceptadas en la sociedad thailandesa. En algunas tribus africanas los varones se practican un corte en la base del pene que da una apariente forma de vulva, para proclamar con ello su dualidad genital, fingiendo poseer ambas. Todo ello abre otro mundo de diversidad genérica y sexual, donde en un marco de teoría queer moderna, muestra realidades genéricas y sexuales como el pangénero, el bigénero, el genderqueer, el andrógino, el intergénero, el “otros géneros” o los “generos diferentes”, no deben dar miedo a quienes se sientan muy hombres o muy mujeres, porque forman parte de la riqueza sensitiva y emocional de la humanidad, como un tesoro que nos vincula a la fecundidad aparentemente caótica de la naturaleza.

Del mismo modo que la fauna con una dieta exclusiva y restringida por su fisiología tiene menos probabilidades de supervivencia que aquella de alimentación más diversa y con más elasticidad y tolerancia en la absorción de nutrientes, la diversida sexual en fauna y flora es mucho más amplia que la reduccionista propagada por las religiones o el sistema binario sexual de catalogación humana. El sexo en nuestra especie -en constante celo y sin una misión meramente reproductiva sino de placer, alianzas, afectos, ternura, mero estar bien juntas-, sólo tiene una regla: el mutuo acuerdo. Fuera de él, todo es violación en diversos grados y debe ser rechazada.

La vida es un constante fluir de sucesos y situaciones, de identidades estables o transitorias, de cambios, a menudo exteriores y a veces interiores. Sentirse bien con una misma y sentirse aceptadas en el entorno social son dos imperativos de una vida sana y plena. Somos parte de una naturaleza que nos sorprende con su profusión y exhuberancia, y ni siquiera toda nuestra creatividad va a superarla en experimentación y variabilidad. Las discriminaciones derivadas de las opiniones deben desaparecer; el mundo de miedo y el rigor reduccionista debe dar paso a la armonía entre individuas, grupos poblacionales y comprensión social mutua. Se ha derramado demasiada sangre por no asumir la calidoscopia de las realidades y la riquísima combinación de los colores. Es hora de la frutalidad dulce y deliciosa de la vida. Exactamente eso: es la hora de la vida.