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martes, 25 de julio de 2017

MÁS QUE DOS



Si hay algo perfectamente invariable en el Universo, ello son los cambios. Si existe algo más normativo en la vida, esas son sus excepciones a las normas. Incluso en nuestro planeta, -el que mejor conocemos, aún con tanta ignorancia sobre él-, existen muchos temas sin zanjar. Uno de ellos es el sexo.

Enfrentar sin tabúes el temas de la identidad sexual, la orientación, la biología y el género son realidades que cada vez toman más conciencia en la sociedad, y es urgente hacerlo para dejar de provocar dolor, incomodidad, discriminación y apartheid social. El sexo biológico (algo mesurable en cromosomas, pene, vagina, hormonas...), que esuvo siempre mayoritariamente dividido en dos, ha sido finalmente cuestionado y se enfrenta al estudio del género, que convierte el constructo binario en algo cultural, meras expectativas basada en intereses reproductivos y sociales, pretendiendo erróneamente que la reproducción es nuestra única misión en la vida. Luego tenemos la identidad de género, que es aquella que hace referencia a quien la persona se siente ser, y en otro plano, la orientación sexual la cual refiere a cómo dirigimos nuestras apetencias sexuales.

Antes del genocidio europeo a fuego y cruz, las tribus nativas americanas reconocían cinco géneros sexuales: hombre, mujer, hombre de dos espíritus, mujer de dos espíritus y transgénero. Según la ciencia biológica en base a la propuesta de la doctora Anne Fausto-Sterling, se estudian al menos cinco sexos: macho, hembra, herm (hermafroditas verdaderos), merm (seudo-hermafroditas masculinos) y ferm (seudo-hermafroditas femeninos), y son muchos los ejemplos históricos de realidades más allá de la mirada reduccionista reproductiva macho-hembra, de tal modo que empobrecer la diversidad sexual al binarismo macho-hembra, es una falacia desde la propia perspectiva científica. El género está en el cerebro, en la cultura, en la educación, en la rutina, en la visión que de cada cual tienen las demás personas, en la programación codificada, haya o no una correspondencia con la forma física y la genital. La genitalia no obliga a nada. A nada.

La heteronormativa, los géneros impuestos por la apariencia, son una aberración contra la naturaleza, la cual es traviesa y simpática, y gusta de ser creativa y saltarse los patrones. La anguila listón azul por ejemplo, invierte su sexo a voluntad, igual que el macho de la serpiente listada, en sus orgias reproductivas de decenas de individuos, segrega feromonas para atraer a machos y mantener su calor. Estas serpientes son fingidoras, pero poseen esa capacidad de hacerlo para mejorar su calidad de vida.

Las hienas manchadas, matriarcales y amorosas madres de familia y clan, con sus vaginas largas como penes, confundieron durante décadas a los miopes exploradores que las creyeron machos “bien dotados”. Los peces payaso o los peces loro también cambian de sexo con la edad o cuando una hembra muere, para sustituirla, sin problemas, sin traumas, sin tabúes. Muchos molúscos macho entablan duelos de penes intentando penetrarse mutuamente, son tan masculinos que practican homosexualidad, como los toros y miles de especies documentadas. Las ranas rugosas cambian de sexo en función de la proporcionalidad entre machos y hembras. Los caracoles son bien conocidos por su hermafroditismo, en definitiva les da igual ser machos o hembras, les aburren las normas y quieren ser, simplemente, las dos.


Nada más natural en la naturaleza que la homosexualidad, especialmente entre jóvenes de especies, que descubren el sexo como una maravilla urgente, y exploran entre sus amigos porque tiene confianza y afecto, y no precisan entablar luchas, sino quererse y fluir. La masculinidad doble del ciervo rojo puede presentar individuos con o sin cuernos, de este modo existen hasta tres y cuatro tipos de macho dentro de su misma especie, diferentes en comportamiento y reproducción. Esa misma característica ha sido estudiada en peces y reptiles, como la lagartija uta, la cual manifiesta cinco géneros, diferenciados por colores, comportamientos y agresividades distintas.

Los roles de género son también abiertos y creativos en la naturaleza a la que estamos indisolublemente ligadas: parejas de pinguinos macho que pueden incubar un huevo y adoptar un polluelo si la madre falta, porque en definitiva, no importan los roles sino la vida del pequeño. Lo mismo sucede en islas hawaianas con parejas hembra de albatros que cuidan y alimentan polluelos. Adoptar hijas por parte de una pareja de hembras o machos es NORMAL, y sólo en nuestra triste especie parece representar un problema insalvable.... ¿Qué decir del propio parto?, un campo exclusivamente reservado a la hembra... salvo en el caso del hipocampo, que recibe de la hembra los huevos en su vientre y los fertiliza y gesta y hace crecer en su interior hasta que los expulsa un día en contracciones idénticas a las de las humanas, siendo uno de los casos conocidos de machos que paren. El gorrión de cuello blanco -con símbolos físicos distintivos de macho y hembra al mismo tiempo-, también desafía la notoria ignorancia de la dualidad como único camino de sexualidad.

Machos de sepias y gusanos azules que se comportan como hembras para despistar al macho custodiador y poder procrear con “su” hembra deseada. Que fingen, que se travisten, que se decoran y engalanan con imaginación y sin conflictos morales. En muchos animales nacer macho o hembra es una cuestión sólo de la temperatura a la que fueron incubados, a menudo aleatoria, y las poblaciones de muchas especies deciden el número de machos o hembras antes de nacer, y nadie se ofende, y nadie se enfada, y cada cual disfruta de su propio cuerpo. Para las masculinidades heridas tenemos el ejemplo de ciertos gusanos planos, que pierden el pene en peleas mutuas y se convierten en hembras.

Entre los grupos humanos tenemos las kathoey (no hombres) thailandeses, las cuales no se identifican ni con mujeres ni con hombres y son plenamente aceptadas en la sociedad thailandesa. En algunas tribus africanas los varones se practican un corte en la base del pene que da una apariente forma de vulva, para proclamar con ello su dualidad genital, fingiendo poseer ambas. Todo ello abre otro mundo de diversidad genérica y sexual, donde en un marco de teoría queer moderna, muestra realidades genéricas y sexuales como el pangénero, el bigénero, el genderqueer, el andrógino, el intergénero, el “otros géneros” o los “generos diferentes”, no deben dar miedo a quienes se sientan muy hombres o muy mujeres, porque forman parte de la riqueza sensitiva y emocional de la humanidad, como un tesoro que nos vincula a la fecundidad aparentemente caótica de la naturaleza.

Del mismo modo que la fauna con una dieta exclusiva y restringida por su fisiología tiene menos probabilidades de supervivencia que aquella de alimentación más diversa y con más elasticidad y tolerancia en la absorción de nutrientes, la diversida sexual en fauna y flora es mucho más amplia que la reduccionista propagada por las religiones o el sistema binario sexual de catalogación humana. El sexo en nuestra especie -en constante celo y sin una misión meramente reproductiva sino de placer, alianzas, afectos, ternura, mero estar bien juntas-, sólo tiene una regla: el mutuo acuerdo. Fuera de él, todo es violación en diversos grados y debe ser rechazada.

La vida es un constante fluir de sucesos y situaciones, de identidades estables o transitorias, de cambios, a menudo exteriores y a veces interiores. Sentirse bien con una misma y sentirse aceptadas en el entorno social son dos imperativos de una vida sana y plena. Somos parte de una naturaleza que nos sorprende con su profusión y exhuberancia, y ni siquiera toda nuestra creatividad va a superarla en experimentación y variabilidad. Las discriminaciones derivadas de las opiniones deben desaparecer; el mundo de miedo y el rigor reduccionista debe dar paso a la armonía entre individuas, grupos poblacionales y comprensión social mutua. Se ha derramado demasiada sangre por no asumir la calidoscopia de las realidades y la riquísima combinación de los colores. Es hora de la frutalidad dulce y deliciosa de la vida. Exactamente eso: es la hora de la vida.


jueves, 6 de julio de 2017

DEFENDER LO SALVAJE




Algunas veces en la vida he sentido instantes de tal intensidad, que nada humano me los podría haber proporcionado. Instantes de amar, o de complicidad entre humanas no han sido tan íntimos. Tanto, que el hecho de escribir acerca de ellos requiriera una lucha interior con el pudor y la vergüenza ante tanta felicidad. Son instantes que aparecen estando, por ejemplo hace algunos años, junto al roble de Stelmužė, en Lituania, con arrugas y encorvaduras de mil quinientos años, o dentro del hueco formado en el tronco del olivo “Lo Parot”, al sur de Catalunya, y sentada sobre sus retorcidas inmensas raíces, que crecieron en pleno tiempo de las romanas. Son instantes de choque, absolutamente inhumanos, donde una no quiere compartir, sino recogerse sobre sí misma, desoir a las estridencias de la civilización y responder a todas las preguntas importantes.

Paseando una ladera con musgo de 30 centímetros, entre riachuelos color cobre en el parque nacional de Góry Stolowe (el bosque de todos los cuentos, el cuento de todos los bosques), o acaso andando en la noche durante una acción por un bosque abarrotado de luciérnagas, una no se atreve a romper el silencio -que es el lenguaje de la naturaleza, aunque le pese al trueno y al volcán-, y se limita a liberar la catarsis de las emociones. Son momentos de felicidad pornográfica, tan intensa que, como decía Henry Miller, más valdría pegarse un tiro y acabar ahí mismo, porque más allá no hay estadio superior, ni meta más alta.

Sólo he estado una vez en el Bosque Primitivo de Bialowieza, en Polonia, hace cerca de 20 años. Se podía visitar sólo el cinco por ciento de su superfície, el resto era reservado a científicas y personas no profanas, y está bien que así sea, porque a ese bosque hay que llamarlo de usted, andarlo en silencio sin más explicaciones que sus olores y humedades. El perfume intenso de la madera podrida y las turberas exhalando densos aromas, el goteo de los líquenes en verde vivo, laciamente abandonados sobre las ramas muertas. Es un espacio único y quería hablar de él.

 
Nadie se espante, no voy a aburrir con la historia del bosque, no me interesa cuándo y cómo fue declarado de interés natural, ni mucho menos por quién, lo ignoro y quiero seguir ignorándolo, no importan las circunstancias humanas que lo rodean. Lo que voy a hablar es del bosque no como zona de interés económico, sino como espacio liberado, como extensión ajena a las leyes del homo economicus. En pleno antropoceno, cuando somos responsables de la Sexta Extinción de especies vivas, hablar de lugares intactos o de intervención cero por parte de nuestra corrupta especie, se vuelve prioritario. Biotopos sanos en ecosistemas intactos y multitudinarios, abarrotados de vida, son imprescindibles para la riqueza amenazada. Los bosques en Polonia ocupan un porcentaje relativamente alto del territorio, aunque constantemente amenazados por la excesiva superproducción de cultivos. Son bosques domesticados, plantaciones donde se entra con máquinas a arrasarlo todo cuando llega su edad a los árboles, del mismo modo que se llega la hora de ejecutar a los animales esclavizados en las granjas: la hora que decidimos que les llegó. Llegan las máquinas y talan, deforestan, aplastan, dejan miles de pequeñas faunas muertas y cargan los cuerpos mutilados del árbol en sus camiones.

Un árbol vale menos que una persona humana, eso está claro, pero si el árbol es un baobab de 4000 años y la humana es un violador reincidente, los valores se pueden invertir, por mucho escándalo que arme la persona antropocéntrica. Pocas cosas delatan la estupidez humana tanto como juzgar a la Naturaleza como inoperante y necesitada de nuestra ayuda, cuando no se doblega a los intereses humanos. La Naturaleza siempre acierta, pero se halla en constante proceso de reinvención. La plaga son esa gente que dicen que algunas especies son plagas.


El bosque de Bialowieza es un planeta aparte al cual no tenemos acceso y deberíamos observarlo a la distancia, con los ojos que no lo ven ni tienen la intención de poseerlo, como los animales que son para sí mismos y no para la mirada carnista, como la niña es para sí misma y no para la intencion pederasta. El bosque es el refugio de aquellos corazones salvajes hartos de asfaltos, leyes económicas, ruido y charlatanería humana. Yo vine a Polonia por los árboles y por la lluvia, y mi corazón respira sabiendo que ese bosque existe, lejos de las leyes patriarcapitalistas garabateadas en sucios libros, por los viejos y decrépitos machos avariciosos del poder.


La excusa que se esgrime para su tala profiláctica es que está siendo atacado por la carcoma, pero las máquinas harwester que lo hacen, descortezan los árboles (la mayoría en buen estado de salud, sin carcoma), y la dejan ahí, sobre el bosque, en lugar de enterrarlas o quemarlas, como harían si de verdad quisieran “acabar con la carcoma”. De este modo, el año que viene todas esas larvas volverán a otros árboles y tendrán más pretextos para seguir destruyendo Polonia.


A mi me cae bien la carcoma de Bialowieza, es simpática, no pasa nada si mata el árbol, se seca, o cae y es colonizado por cientos de millones de bactérias, microorganismos, artrópodos, roedores, pájaros..., cuya abundancia garantiza la abundancia de otras formas de vida, más grandes o pequeñas en la cadena trófica, desde grandes mamíferos hasta numerosas especies de hongos, líquenes, musgos y floras y faunas de diversa funcionalidad en los ritmos y necesidades del bosque. La madera que se derrumba sobre el suelo boscoso es un aporte indispensable de comida y refugio a miles de animales y plantas, así como a generaciones de ellas. Y de eso va el bosque primitivo, de abundancia de recursos, de la naturaleza haciendo lo mejor que sabe hacer: ciclar.


El bosque es un organismo vivo que respira, come, bebe, defeca, escupe, vomita y transpira. Un conjunto vivo, un monstruo gigantesco formado a partes proporcionales de animales, plantas y hongos, asentados sobre un suelo excepcional hecho de una estructura única en Europa. Las características del suelo del Bosque Primitivo de Bialowieza son las mismas que las de Europa hace miles de años. Se diría que el tiempo -ese constructo humano destinado a medir nuestra fragilidad-, haya decidido tener su propia forma y medida en el bosque de Bialowieza. Los bosques primitivos son los superlativos de la palabra bosque, y deben apartarse de nuestra mediocre mirada de la vida, de nuestra fascista mirada.


Con una mentira tras otra, con un abuso de poder tras otro, con un genocicio tras otro, los granjeros de la vida salvaje han invadido con sus leyes económicas los bosques polacos, ejecutando a sus animales cartucho a cartucho, destripamiento a destripamiento, talando y criando árboles a la conveniencia de las leyes del mercado internacional y a la conveniencia de su falta de escrúpulos y su avarícia. Las fronteras de ese tesoro excepcional europeo deben ser agrandadas, sus perímetros controlados y dejar que el tiempo se derrame a su tiempo en esa isla hirviente de vida. No podemos permitirnos el lujo de permitir que la destruyan.

lunes, 15 de mayo de 2017

PRIVILEGIOS




Los pequeños orangutanes huérfanos se abrazan a sí mismos, rodando sobre el suelo de hormigón del orfanato, o se acercan contra una pared, sedientos de contacto. La soledad les muerde de tal modo que todo sus sistema neuroreceptor y psicosomático se desestabiliza, entran en colapso afectivo, en shock emocional, como cualquier bebé mamífero, lloran, cabecean, y se duermen zonas de ellos asociados a la confianza, lo cual puede dejar secuelas y traumas de por vida. Los orangutanes bebés están vinculados estrechamente a la madre durante los primeros seis años de su vida, son una extensión de ella, como un sólo cuerpo en permanenente contacto. El orangután bebé NECESITA de ese abrazo, el abrazo de la madre perdida.

Más de 5000 orangutanes desaparecen cada año para la avarícia y la gula de los seres humanos por la deforestación provocada mediante incendios premeditados o la intensificación de cultivo de palma, un aceite de alta coagulación presente en la mayoría de los productos alimentarios y cosméticos del subdesarrollado mundo enriquecido. Ya no es necesario matar directamente a las especies, la Sexta Extinción provocada por nuestra actividad antropocénica sobre el planeta encoge los ecosistemas donde convivimos con trillones de individuas, matándolas de claustrofobia, de ostracismo, de falta de recursos y de estrés. No hace falta la caza, ni las granjas o el omnivorismo para exterminar individuas y especies, basta con robarles sus territorios, con comprar tierra para la avarícia y desterrarlos de ella. Aparte de la increíble tragedia de por sí, la desaparición de los grandes simios -aquellos genéticamente más vinculados a nosotras, como son orangutanes, chimpancés, gorilas y bonobos-, evitaría también su estudio zooantropológico, facilitando el oscurantismo de las creacionistas, que siguen inexplicablemente aferradas a su absurda idea de dios.

Mueren más animales en el mundo por culpa de nuestro invasivo comportamiento patriarcal y ladrón de espacios, que aquellos ejecutados directamente para comer sus cadáveres o explotarlos hasta la muerte. El comportamiento humano reproduce los protocolos de la persona violadora sexual, centrando un objetivo para vulnerarlo con violencia y conseguir satisfacción personal. A veces las violaciones son colectivas, entonces parecen menos violaciones porque usan el pretexto de la democracia: lo común y grupal es bueno, el maldito utilitarismo. La sociedad grupal, con comportamientos invasivos colectivos, provoca efectos masivos en la tierra. Los aparentemente triviales caprichos ecoilógicos que nos concedemos cada día gracias a nuestro inflado poder adquisitivo, producen una huella ecológica profunda al otro lado del planeta.


El cierre paulatino de los parques zoológicos tradicionales debe ir ligado inexorablemente a un concepto geopolítico de decrecimiento económico que deje de expoliar la naturaleza, para pasar a interactuar con ella. Con sus leyes. Por culpa de lo contrario los orangutanes bebés se abrazan a sí mismos, lloran aterrados, mirando el mundo con los ojos más tristes que puede tener la vida, los de la muerte emocional. La carencia de la madre es una tortura peor que la física, la cual se cura por propia fisiología. Perversamente planeamos el nacimiento y la muerte de las personas no humanas con intención de devorar sus cuerpos ejecutados, hay algo protohumano en ello. Todo es protohumano en ello. Somos una especie perversa que premedita deleitándose con las personas que esclaviza y ordena nacer y ordena morir. Nada que ver con la depredación del león o la orca. El princípio de cautela y de la no-acción preventiva está profundamente reñido con la doctrina del “lo quiero todo y lo quiero ya”. La ciudadanía no destruye más de lo que lo hace, únicamente por una falta de dinero para hacerlo, no porque no existan medios y creatividad para ello. Somos artistas de la destrucción, las más fecundas virtuosas del arte de extinguir, violar hasta la extenuación o explotar hasta desertizar, y en esta crisis ecológica actual, no cabe el bienestarismo, sino el decrecimiento, la detención inmediata del proceso industrial y el desarrollismo tecnocrático.
Pretender que existe un método humanitario de ejecutar a una persona es como anhelar que la igualdad sea que todos los países del mundo tengan nuestro nivel de consumo. Y que nuestros privilegios actuales se conviertan en privilegios globales. La Tierra ha sido prostituída hasta la llaga para lucro y despilfarro de la sobreabundancia. Lo barato y lo lujoso es económico a nuestros bolsillos, pero tiene un coste ambiental. NO satisfacemos necesidades, sino caprichos. La mitad del papel producido en el mundo es usado en embalajes, y de la otra mitad, la mayoría se va en publicidad. Una sola tonelada de celulosa exige 3 metros cúbicos de madera, 3 toneladas de agua, 60 toneladas de gas y 140 kilos de productos químicos. La producción de masa forestal para las papeleras provoca desertización, infertilidad del suelo, contaminación de aguas subterráneas, incendios, así como la liberación en la tierra de metales pesados, disruptores endocrinos o furanos. Según cada país la media de consumo varía, pero en el modelo occidental este consumo se acerca a los 200 kilos por persona/año. La crisis económica del llamado primer mundo es una falacia de una sociedad enloquecida, plaga de niñas malcriadas y exigentes que hacen oídos sordos a las quejas de quien sufre para poder satisfacer sus exigencias, con tal de obtener su caramelo. Las guerras de lanzamiento de hamburguesas en las universidades norteamericanas, la tomatina española donde la gente se divierte arrojándose toneladas de tomates, los miles de toneladas de carne desperdiciadas en las basuras de supermercados y viviendas, los millones de vidas ejecutadas para nada, el despilfarro mundial de vidas de un estupido sistema basado en la destrucción de la naturaleza, bajo el pretexto de que todo es comida y el planeta está para servirnos como un esclavo. No, no todo es comida, la gastronomia arrasa ecosistemas completos y representa la muerte de zonas oceánicas, porque lo que llamamos bíblicamente "el pan nuestro de cada dia" es un exceso.
¿Con que derecho criticamos a las corporaciones que privatizan y embotellan el agua que bebemos?. ¿De la mano de qué legitimidad cuestionamos la altura ética de las asesinas que nos traen la carne a nuestros propios platos y la leche a nuestros vasos? ¿Bajo qué ley defendemos la ley, si está redactada por las verdugas? Quien nos defiende de nuestras defensoras?. ¿Es el pueblo soberano de su suicidio? ¿Es una parte del pueblo soberano cuando decide matar a la otra? ¿Que es el derecho a decidir y hasta dónde la opinión individual juega un papel en la toma de decisiones comunes? ¿Es una pedófila mejor si la comparamos con una nazi?.... Las cuestiones están ahí, pero la banda sonora de la pelicula de moda suena más fuerte que nuestra conciencia, y las preguntas se pierden como susurros ante el trueno. Los dulcisimos vencejos color tierra de las paredes interiores de las cataratas de lguazu y la hierba cubriendo como un vello la tierra, parecen menos importantes que la película que las muestra.
En un rincón de ese caos insaciable de pretextos, argumentos, egolatrías y estupidez supina, una pequeña vida se abraza a sí misma, rompiéndose de tristeza contra el suelo y las paredes, devorada por la soledad y la falta de su madre. Seamos capaces de ponernos en su lugar.





lunes, 24 de abril de 2017

MUCHO PEOR







Últimamente rueda este video en las redes sociales, una persona cazadora de un club cinegético de una población catalana, apuñalando a una jabalina embarazada, mientras los perros -que esa misma persona torturó durante años para conseguir que fueran buenos inmovilizando "presas"-, la sujetan a dentelladas. Otra vulgar ejecución, la historia de la gente cobarde que en grupo violan a una hembra, la historia de la gentuza mezquina que inmovilizan a una persona mientras otra la apuñala repetidas veces, sucede a menudo en los barrios marginales, y entre las mafias de la droga que tantos beneficios ofrecen a las economías nacionales. Esta ejecución probablemente reporta mala fama, y habrá llevado las manos a la cabeza a miles de apasionadas de la caza, como sin duda haría si viviera al bueno de Delibes (persona asesina con dotes para la literatura, como muchas otras artistas... pero asesina). Las aficionadas a fusilar judias o a ejecutar toros en plaza y otras gentes de ley, critican dicho chapucero comportamiento por no ajustarse a los principios de honor, ética, paridad de duelo, astucia y otras tonterías que se supone lleva consigo la noble tradición de cazar.

Llegado a este punto, ya cabe decirlo: las cazadoras son sacos de mierda, escoria que las leyes no permiten erradicar del tejido social, obligándonos a verlas deambular entre la gente normal, libres, e incluso escuchar a veces en espacios públicos. Unas mierdas ecoterroristas que asesinan de mil modos, disfrutan sacando intestinos ajenos, decapitando y castrando los cadáveres, porque descargan ahí sus frustraciones, su naturaleza tóxica y quien sabe qué basura más. La gente cazadora, perteneciente a una banda armada ecoterrorista, cromañonas del siglo XXI, incapaces de pasar el domingo paseando el prado o un parque urbano, como toda hija de vecina, no vacilan en usar a quienes las denigran con el arma preferida del fascismo: las leyes. Esto es legal, por lo tanto es bueno. Con ese tarareo vienen esclavizando el sentido común y la libertad, los ya 80 años que llevamos de franquismo en el estado español.



https://www.facebook.com/sibylle.mesaros/videos/1001662956631946/
 
 
Pero lo que mucha gente normal no sabe es que la caza es peor, mucho peor de lo que vemos. Lo que no se ve en la caza es similar a lo que esconden los mataderos y las granjas de cría y engorde, porque el trato a los animales no humanos, las torturas que les infringen, las exclavitudes a las que las someten, los asesinatos impunes, no tienen más que una regulación ambigua, y en última instancia su rigor a la hora de aplicarse queda en manos de la mera perspectiva de quienes poseen a dichos animales. Cuando los ojos ni las cámaras apuntan, la mierda actúa a pleno rendimiento, y golpea muy duro. Lo que gentuza enferma y psicópata hacen con los animales no humanos con o sin el beneplácito de la jurisprudencia supera con creces todos los infiernos que el ser humano imaginó en sus ficciones artísticas o religiosas. La generosidad de la naturaleza es tan desproporcionada e ilimitada como, en una linea de acción inversamente proporcional, lo es la crueldad de la escoria del humanismo, la gente cazadora.

Zorros vivos con los globos oculares enucleados, ciervos con patas rotas deambulando durante días, desangrándose lentamente por una bala en mal sitio pero no mortal. Cachorros de madres ejecutadas, que mueren lentísimamente de hambre en sus madrigueras, esperando la imposible vuelta de mamá. Cepos y lazos que dejan morir durante días a los animales atrapados. Animales eviscerados y despellejados vivos porque la piel se desprende mejor. Galgos ahorcados con una longitud de cuerda que les asfixia durante días hasta la muerte. Galgos abandonados en el monte con palos atados en la boca, para evitar que se alimenten. Perros vivos arrojados a pozos. Camadas enteras de perros reventadas en bolsas contra un muro. Jabalíes con colapsos cardíacos, espasmódicos agonizando entre los arbustos. Animales que deambulan el bosque desangrándose con partes de su cuerpo arrancados a perdigonazos. Juegos crueles y sádicos de cazadoras con animales moribundos. Castraciones y mutilaciones de trofeos aún vivos para hacerse fotos ridículas con ellos. Ejecuciones de animales para nada, sin recuperar la presa, por el placer de matar. Animales atropellados y dejados paralíticos en una muerte lenta por los automóviles de las cuadrillas. Asesinatos de las madres a ojos de las crías, previo al disparo en la cabeza de ella o a su secuestro y encierro de por vida. Aborto y ejecución de los fetos de madres asesinadas en batidas. Bebés golpeados con barras de hierro y desollados aún vivos. Trata de camadas para venta y comercio local y extranjero. Redes con pájaros con miembros dislocados o desnucados. Animales cegados por tiros o flechas erradas. Niñas humanas corrompidas por cazadoras que las obligan con chantajes a codificar los asesinatos y a cometerlos. Animales cuarteados vivos, y ridiculizados en escenografías post mortem... Muchas son las vulneraciones, muchas las infamias, y muchas más las que no conocemos ni conoceremos, porque los animales no humanos son cosas para la gentuza que se dedica a la caza.

La caza es mucho mucho peor que lo que conocemos por cazar, no hay nada telúrico o elevado, es una sangrienta orgía de estupidez y muerte que debe abolirse cuanto antes, porque degrada a la sociedad al nivel de esas mugrientas protohumanas, con una licencia para ejecutar expedida por leyes protohumanas, y porque la vida de los animales, de cualquier animal en la mira telescópica, es mucho más valiosa que la de sus asesinas.




domingo, 9 de abril de 2017

La Vida en un minuto

LA VIDA EN UN MINUTO


Por unos segundos, el camión se detiene en la retención. El sol inunda el contenedor en un precioso día de septiembre. Un delicioso hocico rosado y unos somnolientos ojos dulces asoman buscando esos rayos benignos. Aspira el aire fresco, lo goza, le llena una plenitud jamás antes conocida, y se baña placentero en el radiante amarillo solar. El azar ha concedido apenas unos centímetros de sol, pero su hocico brilla y se balancea respirando ese sol y ese aire. Es su segundo viaje, el primero fue de lechón, hacia la granja de engorde. Es su último viaje. A pocos kilómetros el matadero de porcino espera su cuerpo provisionalmente vivo, le esperan gente que vive de matar y para matar, asiendo la pistola que penetrara en su cerebro. Su vida se escapará definitivamente por la reja del alcantarillado.
En su cerebro molido por las esclavitudes, disfruta el rayo de sol en una triste asociación de derechos fundamentales y exterminio. Luego la nada. No habrá nada más. Nada de absurdos karmas de regreso para su asesina, nada de otras vidas, nada de muertes amables o crueles. Le espera la nada, como a todas. Pero esta es una nada injusta, por prematura. De momento la hermosa criatura saborea ese rayo de sol como si no existiera nada mejor en el mundo. No conoció el amor, ni el derecho a ser él mismo, ni la belleza de la libertad. Sólo es un peso en kilos en un camión, llevado a la muerte.
Cuando escribo esto él ya no existe. No pude hacer nada. No me rogó por su vida, no tembló ante mí pidiendo ayuda. Y yo no hice nada. Disfrutó ese sol con su triste biografia, ignorante de su destino, incapaz de comprender la nauseabunda perversión de sus verdugas y la gente que compró al día siguiente su cuerpo descuartizado, para deleitarse unos minutos a costa de su vida. Carne es asesinato, se puede decir más alto pero no más claro. Carne es violaciones, dolor, tortura, esclavitud, y ningún tipo de carne ha sido hecha de otro modo, por más pretexto que le pongan. Todas las peliculas de terror, todas nuestras más horrendas pesadillas y pánicos imaginarios que no llegarán, son la vida de millones de personas no humanas. Carne es asesinato, cualquier otro modo de decirlo es pactar con la mentira.
A veces los animales nos morimos por hemorragias internas. A veces de ser matados a golpes, nos rompen por dentro, nos revientan órganos y morimos de ser matados. Parecemos dormidos porque no se ven heridas ni sangre, pero los infringimientos están por dentro y duelen igual, y matan igual. Nos las provocan los golpes de un marido celoso, de una ganadera colérica, de una policía soberbia, de una neonazi. Somos las hemorragias internas del mundo y morimos sin sangrar visiblemente, en los habitats de hormigón que nos inventaron nuestras verdugas, en las jaulas de la leche, en comisarías y campos de concentración, en la vulnerabilidad de pernoctar en un parque o ser fémina, en la vulnerabilidad de ser considerada inferior. Los animales nos morimos de ser inferiores ante los ojos de otras.
La peor muerte es aquella de ver morir a quien se ama. El amor no pacta, igual que la muerte. Por eso no podemos poseerlo, porque el amor es por definición, libre. Nadie pertenece a nadie, pero todas somos de la muerte. Y de la vida. Cuando creas que tu vida es un fracaso y cuando tu infelicidad te domine, piensa en los pollos que ven el sol por primera y última vez cuando son transportados al matadero...

La carne no habla. Por eso no sabemos que el cuerpo vivo que la creó se asfixió durante minutos, antes de que su corazón colapsara y pudiera ser troceado. La carne es muda. El dolor de una infección de oídos en un cerdo no medicado porque iba a ser ejecutado en breve, no le cuenta a aquella persona que compró su carne, el intenso sufrimiento de esa infección. Los días de transporte en abrasadora sed, o la ceguera de un ternero que se clavó durante el trayecto algún perno de la caja del camión. O aquel caballo que se atascó la pata en el remolque y quebró su hueso, obligado a viajar así, colgando de la fractura, durante horas y días antes del matadero. La carne calla, finge ser producto, por eso podría proceder de una refugiada, de una niña huérfana, de una trabajadora que cayó en la máquina trituradora y se hizo hamburguesa o gelatina para subproductos. Porque la carne es neutra. La carne es cosa, la carne es nada. Cuerpos derrumbados sobre las baldosas resbaladizas de la sangre fresca. Ojos en midriasis, mandíbulas desencajadas y dientes rotos por la violencia del golpe. Se desploman como pesados fardos, como montañas de vida en shock sobre la cual llueven manoseos y cuchillos, cadenas que lo alzan de una pata para descuartizarlo, todavia vivo. En cuestión de minutos los metales entran hincándose en el sagrado cuerpo, lo separan, lo desencajan, lo descoyuntan, desollan la piel pegada, lo desordenan. Toda una biografía ha sido reducida a despojos y pedazos enormes de carne cuyos músculos aún tienen espasmos automáticos, como si esa carne aún fuera consciente. Es la apoteosis de la crueldad, es el máximo exponente del crímen, es el climax de toda violación. No hay imagen más explícita para definir a nuestra especie que la mecanización de la muerte y el desgarro horroroso de los cuerpos. Esos cuerpos calientes y llenos de posibilidades, deseos, ganas de paz, han sido reducidos a mercancías. Ningún dios ha sido tan cruel como el patriarcado especista.

Pero la carne fue. Febrilmente vida, fue. Fue músculos y tendones tensados en un salto de juego o en una convulsión. Fue tuberías dúctiles por donde entró hierba u oxígeno y alimentó la suprema rotundidad de la vida. La carne fue vida, esperanzas, amor, ternura, miedo, dolor, estrés, ansiedad, risa, timidez, mezquindad, sensibilidad, inteligencia, personalidad, paz, desasosiego, individualidad, unicidad, un universo perfecto... destruído por placer. La carne es violación, ejecuciones sumarias, egolatría perpetuada, soledad, terror, por más que la miremos como trozos de nada. Fueron alguien. La carne fue alguien que quiso vivir. Y en realidad, la conducta omnívora no disimila de la violación sexual: hay un trozo de carne fresca a conseguir, y no se repara en medios para hacerse con él.

Pero el veganismo no es suficiente, hay que actuar. La lucha es económica, claro, y politica, pero sobretodo ética, por lo tanto no admite indiferencia. Hay que protestar, resistir, chillar, causar verdaderos problemas y visualizar a todos esos hocicos en la sombra, a todos esos picos en la penumbra, a todas esas niñas enjauladas. Combatiendo la superestructura de un sistema de muerte mecanizada insufrible al humanismo. El antropocentrismo debe extinguirse por el bien de la naturaleza y de nuestra propia especie. El veganismo es un proceso eticofilosófico sin precedentes en la historia de la humanidad porque por vez primera actua en beneficio de seres no pertenecientes a nuestras especie, aunque sea por razones aplicables a nuestra especie (inteligencia, personalidad, sentimientos, sintiencia...).
Las violaciones sexuales a mujeres, la brutalidad en los mataderos y granjas, el terrorismo machista, el comercio de carroñas, la crueldad infinita con las niñas,... no son cometidas por monstruas despiadadas y babeantes. Las nazis compraban el pan y cantaban nanas también. Todo ello es realizado por gente aparentemente normal, en el seno de famílias y hogares conyugales. O es considerado trabajo normal del cual dependen las economías nacionales. La normalidad y la frivolidad del horror caracteriza la indiferencia, por eso hay que romper la normalidad, reinventarla, construir una nueva normalidad de cultura de cuidado, que erradique cualquier escena cotidiana, donde el hocico de una inocente asomando por una prisión conducida a su exterminio, simplemente, no suceda.
Se lo debemos, después de miles de años de horror, se lo debemos. Y lo sabemos.